Nuestro proyecto político llama a destruir el capitalismo mediante una revolución, pero, como decíamos, no por capricho, ni porque estemos descontentos con algunos aspectos de su funcionamiento y organización. Lo hacemos porque, en su totalidad, es un sistema socioeconómico que no es capaz de responder plenamente a las necesidades del conjunto de la sociedad, sino sólo de una minoría, en la medida en la que se basa en la explotación de una clase social por otra. La base real del capitalismo, la explotación asalariada, limita en sí misma el progreso de la humanidad. Hoy día existen las condiciones (técnicas y humanas, condiciones posibilitadas por el grado de desarrollo de las fuerzas productivas) para la plena satisfacciónde las necesidades de toda la población y, sin embargo, el hambre, la falta de recursos, las enfermedades evitables, el analfabetismo, la ignorancia y la violencia siguen definiendo las vidas de miles de millones de personas en todo el mundo. Las fuerzas productivas no pueden ser desarrolladas en todo su potencial por las limitaciones que les imponen la base y el objetivo de toda actividad económica bajo el capitalismo: la obtención de ganancias. Este sistema atenta también contra la conservación del medio natural, poniendo en peligro la propia integridad del planeta en el que vivimos y del cual obtenemos los recursos para sobrevivir como especie. Sus crisis cíclicas destruyen parte de la riqueza generada, ralentizando el desarrollo social en toda su amplitud.
La tendencia decreciente de la tasa de ganancia #
Sin embargo, no podemos entender que esto es consecuencia de una actitud caprichosa de unos malvados capitalistas o de malos gestores. El problema no son los jugadores, sino las reglas del juego, como podemos comprobar con la cuestión de las crisis, que, lejos de ser fruto de una «mala gestión», son intrínsecas al propio capitalismo. La anarquía de la producción y la competitividad que ya hemos mencionado generan crisis cíclicas debido a la sobreproducción y a la rentabilidad a la baja que tiene la actividad productiva. Esto es a lo que llamamos la «tendencia decreciente de la tasa de ganancia». Como esto es un tema complejo, vamos a esquematizar el proceso:
El capitalista desarrolla su actividad en un entorno donde impera la competencia con otros capitalistas. Para aventajar a sus competidores, invierte su dinero en mejoras tecnológicas que le permiten producir más barato y, por tanto, ser más competitivo en el mercado y así obtener más beneficios. Este comportamiento es una constante en todos los sectores capitalistas.
El valor de las mercancías lo configura la cantidad de trabajo humano socialmente necesario que se ha invertido en su producción. Con «socialmente necesario» nos referimos al tiempo que hace falta de media, teniendo en cuenta las técnicas de producción estandarizadas en todo ese sector, para producir determinada mercancía. A esto es a lo que llamamos la «teoría del valor-trabajo».
El capitalista, buscando maximizar su beneficio, invierte en mejoras tecnológicas (en «capital constante») mientras la inversión en fuerza de trabajo (en trabajadores a los que pagar un salario) disminuye. Esto conlleva siempre una disminución de la proporción de fuerza de trabajo («capital variable»). Mientras solo ese capitalista tiene esa tecnología, cuenta con una ventaja competitiva que le hace aumentar su beneficio, porque el precio de mercado se mantiene, pero el coste de producción ha bajado para él. Pero esa mejora se estandariza más pronto que tarde en el resto del mercado. Y al final, el trabajo socialmente necesario para producir dicha mercancía ha disminuido, porque ahora todos los capitalistas saben cómo producirla con un menor coste. Así, y estando el valor real en la fuerza de trabajo invertida, el valor de esa mercancía ha disminuido, el precio de mercado tenderá a ajustarse a este nuevo valor por la competencia y la oferta y demanda y, así, la ganancia termina por disminuir para todos los capitalistas.
Debido a esta disminución de la tasa de ganancia y el menor beneficio que genera la actividad productiva para el dueño de los medios de producción, los capitalistas buscan formas de aumentar sus beneficios y seguir siendo competitivos en el mercado. Una de las soluciones más recurrentes para superar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es la de invertir en valores especulativos1 o en deuda.

La sobreproducción #
La disminución de la tasa de ganancia nos lleva a otro concepto necesario para comprender las crisis: la sobreproducción. Una de las características del capitalismo es la anarquía en la producción y la ausencia de la planificación centralizada de la economía, como habíamos mencionado antes. Todas las empresas organizan su producción con el objetivo de obtener ganancias (pues es requisito imprescindible para seguir existiendo); no existe un plan estatal cuyo fin sea asegurar la satisfacción de las necesidades de toda la población. Si a ello le sumamos lo mencionado en el punto anterior sobre la especulación y las burbujas, nos encontramos con que en ocasiones se produce muy por encima de la capacidad real que tiene el mercado de dar salida a las mercancías producidas.
El mercado no puede absorber toda la producción; es decir, se produce más de lo que se puede consumir, lo que ocasiona la ruina de muchas empresas y acelera los síntomas de la crisis. Aumenta el número de parados, las empresas no pueden devolver sus préstamos, los estados recaudan menos impuestos y desciende, en general, la capacidad de compra e inversión de estados, empresas e individuos.
Este descenso de la capacidad de compra de mercancías resulta en una necesidad de destruir fuerzas productivas (despidos de trabajadores y cierre de centros de producción). Este es el gran absurdo del capitalismo: ser un modo de producción que a día de hoy permitiría al ser humano producir sin problemas lo suficiente para satisfacer las necesidades básicas de toda la población mundial y que, sin embargo, debido a las relaciones sociales de producción que lo configuran, hace que miles de millones de personas en todo el mundo vivan en extrema pobreza mientras unos pocos acumulan riquezas en cantidades astronómicas.
Romper con el capitalismo #
Todos estos factores que hemos mencionado son dinámicas que están en el ADN del capitalismo. Son tendencias económicas que van indisolublemente ligadas a este sistema y de las cuales no puede desprenderse, ni puede hacer desaparecer. Los distintos modelos de gestión del capitalismo pueden minimizar o postergar sus efectos, pero en ningún caso evitarlos. No podemos evitar la explotación capitalista ni sus leyes gestionando «de buena fe» el capitalismo. Lo que sí podemos, en cambio, es romper con las relaciones sociales capitalistas y construir un nuevo modo de producción, es decir, una nueva sociedad: el socialismo-comunismo. Los partidos socialdemócratas y reformistas dicen pretender neutralizar las dinámicas del capitalismo para que no vaya en contra de los intereses de la mayoría trabajadora. Sin embargo, sus acciones siempre serán infructuosas porque estos síntomas no se pueden eliminar sin eliminar la enfermedad, sin eliminar las dinámicas del capital, sin eliminar los fundamentos del propio sistema. Quien gobierna dentro del capitalismo está «condenado» a hacerlo siempre según sus márgenes de posibilidad, según los vaivenes del capital. La explotación de los trabajadores bajo el capitalismo no es un problema de gestión ni de conspiración, sino la base misma de existencia del capitalismo. No es un fallo ni una característica coyuntural, sino una característica esencial.
Para profundizar
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Para comprender mejor las leyes que rigen el funcionamiento del capitalismo, recomendamos la lectura inicial de las obras de Marx Salario, precio y ganancia y Contribución a la crítica de la economía política. Igualmente puedes consultar la aplicación de estos análisis a las formas de explotación contemporáneas en este artículo:
Notas
- Los valores especulativos son acciones de empresas, viviendas, mercados de divisas, etc., o, más recientemente, las criptomonedas. Son valores o mercancías que oscilan de manera regular su precio en el mercado debido, principalmente, a la oferta, la demanda y a estrategias de mercado empleadas por parte de empresas dedicadas a la especulación. Por otro lado, las empresas compran deuda, lo cual consiste en asumir los costes de un préstamo que una entidad o un estado han asumido. El objetivo es que se les reintegre la cantidad de la deuda más un porcentaje de beneficio. La inversión en este tipo de economía especulativa a la larga provoca burbujas, que al estallar causando el hundimiento de los precios y la imposibilidad de obtener ganancias, lo que ocasiona graves crisis económicas. Esto pudimos verlo en la llamada «burbuja inmobiliaria» que explotó en 2008 y que fue uno de los indicativos del comienzo de la crisis financiera.